jueves, 18 de junio de 2015

El Poeta del Humanismo



Gustavo Jiménez

(El poeta del humanismo)

Es originario del Estado mexicano de Tabasco, donde nació el 10 de abril de 1980. Proviene de una familia de humildes comerciantes. Su infancia y parte de su juventud transcurrió en su estado natal. Desde niño siempre mantuvo el gusto y la curiosidad por los libros, misma que fue consolidándose con el paso de los años y se convirtió en una actividad principal, tanto que desde su infancia eligió, en un futuro, ser escritor.
En septiembre del ´98 abandonó la casa de sus padres, y en febrero de 2001 llegó a la ciudad de México, y fue ahí donde concluyó sus estudios de Ciencias de la Comunicación en el Instituto de Comunicación y Filosofía (COMFIL) de la Sociedad de San Pablo.
Estando en la ciudad de México fue afianzando lo que desde niño había soñado; ser escritor. Siendo un hombre de retos, en el 2002 optó por investigar y profundizar sobre el Humanismo de los siglos pasados además de ir descubriendo la parte que lo llevaría a expresar sus sentimientos más ocultos, fue así como, a mi juicio, pasó a convertirse en un poeta del Humanismo.
Así que en el 2001 escribió su primera poesía titulada Mi pesada cruz, incluida en el Poemario El vuelo del alma. Esta tarea la fue puliendo poco a poco a base de sacrificio y dedicación. No obstante el rechazo de algunas personas que le decían “no vivirás de papeles”,  nunca perdió la esperanza de seguir escribiendo y perfeccionando su estilo. En el año 2005 surgió la poesía que con los años se convertiría en una de las más representativas y clásicas en la vida del poeta, Navegante, ¿a dónde vas?,  en donde describe la extraña travesía del hombre por esta vida, pues en ella “el navegante”, con un lenguaje profundo afirma su voluntario caminar sin rumbo.  Esta poesía está incluida en el poemario He aquí al hombre.
Dadas las circunstancias Gustavo Jiménez siguió incursionando en el mundo de la poesía llegando a alcanzar un alto grado poético, mismo que se refleja en la versatilidad de sus escritos. Dentro de los temas que proliferan en su producción poética se encuentran el amor y el desamor, la vida como una continua paradoja, la insensibilidad social, el más allá, el Humanismo, lo desconocido, etc., abordados con seriedad, profundidad, y en ocasiones con una aparente ironía que nos conduce a la reflexión. Esto significa el gran compromiso que ha alcanzado en el mundo literario con el esfuerzo de muchos años.
En el año 2010 escribió la poesía titulada La casa está vacía que narra el amor por el lugar donde vivió y la tristeza por abandonar aquella casa que le dio su cobijo por algunos años, sin embargo, tomó su nuevo camino y siguió escribiendo. Así llegaron decenas de poesías, dentro de las cuales podemos destacar Un día como hoy, A mí mismo, Volaremos (2010), Mi necesidad (2011), En las puertas del Templo (2011), Noche sin luna (2013), Sinfonía del Mar (2014), por ser de las más representativas. Estas poesías están grabadas en dos CD´s titulados Un día como hoy y Noche sin luna. Hasta la fecha Gustavo Jiménez ha escrito más de cuatrocientas cincuenta poesías con enfoques diversos, recopiladas en seis poemarios: El vuelo del alma, El Elogio a lo desconocido, Desde el Silencio, El distante cercano, He aquí al hombre y Humano corazón de hierro. Es importante señalar que esta producción poética es solo una parte de su faceta como escritor, pues otra de sus actividades fundamentales consiste en la preparación de los libros que exponen a profundidad el Humanismo Experimental, desarrollado por él mismo.
Hoy en día Gustavo Jiménez se dedica a ofrecer recitales poéticos en los lugares donde lo solicita, esto con la finalidad de mover las conciencias y generar un cambio en la sociedad a través de este bello arte. Esta tarea de la cual es promotor y difusor no ha sido fácil pero tiene la esperanza de que en algunos años se logre tener una sociedad más unidad, pero sobre todo más humana y entregada al bien de los demás. De hecho, en sus propias palabras “la poesía es una llave que abre la sensibilidad humana”. Por lo tanto, el punto central es despertar a través de sus recitales esa sensibilidad en una sociedad carente de ella.
Cuando se sueña y se descubre el camino a seguir se van presentando los logros de la vida, un ejemplo claro es la trayectoria de Gustavo Jiménez quien logró descubrir con el paso de los años su lugar en esta vida.

Samuel Rodríguez Fabre

jueves, 19 de marzo de 2015

Filosofía de la sensibilidad

En este aspecto el humanista debe tener mucho cuidado; no se trata de entender la sensibilidad social y humana como un falso sentimentalismo. El común de la gente tiende a pensar que la sensibilidad está limitada a las emociones afectivas a secas, sin embargo, no considera que ésta debe nacer del corazón pero también del intelecto para estar más completa. Es así como nosotros podríamos hablar de una filosofía de la sensibilidad en un siglo que, si bien es cierto está adelantado tecnológicamente, carece en cierto grado de personas dotadas de una profunda devoción por los valores humanos y sociales.
No obstante, dicha devoción o fervor humano no precisamente tenemos que verlos con la misma visión de antaño, pues muchos creen que estas prácticas son propias de una persona que profesa una religión, incluso por esta razón se le resta importancia y su verdadero valor. En este caso, no hay que satanizar a la filosofía, sino que hay que considerarla como el motor que mueve a los humanistas a actuar en favor de la sociedad, no por ciego fanatismo, mucho menos por una aspiración puramente religiosa, sino simplemente porque la sensibilidad debe ser el producto de un razonamiento filosófico, tal como el Humanismo que no podemos confundirlo con simples prácticas altruistas sino como una filosofía de la transformación individual y colectiva.
Pero como estamos seguro que habrán personas que optarán por oponerse a nuestra manera de entender la sensibilidad racionalizada, lo único que vamos a decirles es que desafortunadamente nos han enseñado a ver la sensibilidad solo desde el punto de vista del corazón pero no hemos tenido ni la curiosidad ni el interés de mirarla desde otra óptica. De todos modos, no hay ningún problema; si estamos dotados de intelecto y corazón entonces no es justo que practiquemos la sensibilidad solamente con el corazón. Recordemos que no hay que separar la afectividad de la persona de su capacidad racional.
 
 
Intelecto y corazón


Según nuestra manera de pensar, es posible que al racionalizar o al hacer de la sensibilidad una filosofía se comience a practicar con mayor prontitud y con más eficacia, pues será un valor de personas con amplio criterio intelectual, y por lo tanto, su práctica será más consistente y efectiva. Esto es porque basar o reducir la sensibilidad a un falso sentimentalismo, es un acto que no trasciende en la vida social, y por lo tanto, sería un engaño tanto para el que la practicara como para quien recibiera algo proveniente de ese tipo tan extraño de sensibilidad.
Para nosotros es importante tener en cuenta el valor del intelecto y el del corazón al hablar de la sensibilidad que debe distinguir a los humanistas del siglo veintiuno. Muchas veces olvidamos que no basta un Humanismo basado en postulados filosófico, o dedicado a especular sobre los problemas del hombre y su sociedad. Esto, aunque tampoco es una tarea sin sentido, solo constituye la primera parte de un verdadero Proyecto Humanista. Por cierto, cabe recordar que el Humanismo Experimental para que esté completo y pueda tener un valor práctico en nuestros días debe convertirse en una forma de vida, lo que equivale a decir que toda persona, líder social o líder humanista debe vivir el Humanismo como una norma de conducta; esto es filosofía de la acción.
Así que una cosa es volverse un filósofo humanista y otra es vivir y hacer que se viva el Humanismo desde una perspectiva concreta. Es decir, tampoco la sensibilidad social debe constituir un simple disfraz o un pretexto para lograr fines particulares. Es una actitud, una forma de ser desde el punto de vista del Humanismo. Pero dicha actitud estará respaldada por un conocimiento profundo de la doctrina que profesa el Humanismo Experimental para no dar la apariencia de que confundimos la sensibilidad con un simple sentimentalismo o con un moralismo que nada tiene que ver con acciones concretas en favor de los demás.

Cultura de la sensibilidad


Es responsabilidad de nosotros pasar de una sensibilidad vacía a una sensibilidad práctica y fundamentada en una filosofía para que su dimensión esté más allá de superficialidades, pues hoy cualquiera ostenta sensibilidad pero parece que hace falta agregarle una porción de racionalización. Y esto no es un error, al contario, se trata de una pista importante en nuestra tarea de crear sociedades más solidarias e individuos que sientan al humanismo como una necesidad contemporánea. Sin embargo, es esencial considerar ampliamente que no se trata de convertir al Humanismo en un mal llamado fanatismo.
Llama la atención, además,  que en nuestros días poco a poco hemos perdido el interés por los problemas del otro; parece como si cada quien fuera creando su mundo a su antojo y condición. Y eso se debe a que la conciencia por la colectividad está ausente del corazón del hombre moderno. Hay que indicar que de por sí la cultura por la depredación aleja al hombre de los problemas sociales pero también lo aleja de sus semejantes, a quienes considera un estorbo en el logro de sus propios intereses.
Por otro lado, ¿cómo podemos hablar en el siglo veintiuno de una cultura por la sensibilidad cuando estamos siendo testigos y víctimas de una continua depredación? ¿Cómo podemos ponernos a analizar problemas relacionados con la filosofía, la ciencia, etc., toda vez que no hemos podido establecer el apego a la sensibilidad como una característica básica del hombre concreto? Filosofía de la sensibilidad significa que el individuo que ha optado por el Humanismo Experimental estará en condiciones de actuar por el bien del otro, pero habiendo entendido en forma racional y no sentimental el valor del progreso y la importancia del ideal humanista. Ser sensibles no por un acto de compasión superficial, sino por un firme y constante acto de voluntad nacido de una profunda meditación humanista.
No obstante las carencias sociales en este sentido, esto no indica que tengamos que dedicarnos a lamentaciones o resignaciones puesto que nada nos impide comenzar a poner la primera piedra en la construcción de una cultura que tenga por emblema la actitud de sensibilidad que tanta falta nos hace. Comentábamos en el párrafo anterior algo acerca de la depredación, pero en realidad, ¿qué es esa depredación sino una actitud de destrucción que el hombre adopta, sea por imposición o por libre voluntad? Es el punto más sobresaliente de nuestras sociedades en donde la ley del más fuerte es la máxima expresión de una cultura depredadora.
Obviamente si hay destrucción o autodestrucción es porque hemos perdido esa conciencia por el progreso y por el respeto hacia nosotros mismos. El hombre no solo se autodestruye, también afecta a los demás, incluso a su mismo entorno… a su mundo, pues tal cultura depredadora ya es una forma de vida y se ha convertido en un círculo vicioso, a veces imposible de extinguir.


Sensibilidad práctica y colectiva


Como hemos analizado, cuando no existe la sensibilidad como uno de los valores humanos no nos queda otra cosa que aceptar la urgente necesidad de contar con un sistema filosófico que venga a ofrecernos luz al respecto pues la consecuencia que la sociedad debe pagar ante este problema es de una magnitud considerable y, por lo tanto, preocupante.
Por ejemplo, el Movimiento de Acción Social Humanista está interesado en hacer de la sensibilidad personal una sensibilidad colectiva, ¿en qué sentido? Cuenta con el Departamento del Supremo Bien Colectivo, cuya finalidad consiste en llevar el Humanismo Experimental a la práctica en sus dos vertientes; individual y colectiva. Así que toda persona que ya cuente en forma natural con un cierto grado de sensibilidad puede desarrollarla al máximo en este Departamento, pero también mediante la vivencia y aceptación de la doctrina que nosotros profesamos. Como se sabe, se trata de ayudar al ser humano a tener un mejor nivel de vida, pero este nivel abarca diversos aspectos como el moral, social, humano, etc.
La sensibilidad social es un fervor y un compromiso voluntario con los problemas del momento. Como hemos dicho, un Humanismo que no se traduce en práctica y en acción permanente es fraudulento y nadie querrá creer en él. Llegó el momento de sacar al Humanismo de las bibliotecas y libros para conducirlo en forma natural y pacífica hasta el lugar donde se halla el hombre concreto, atormentado por los sinsabores de cada día y por el complejo escenario que la sociedad le presenta diariamente.
Sostenemos que la sensibilidad no es un valor o una actitud pasiva en el interior del hombre, ya que esta puede proyectarse extrínsecamente por el beneficio de todos. Alguien que presuma de sensibilidad humana y social tiene la responsabilidad de demostrarlo con sus acciones en su diario vivir. No solo palabras, sino hechos concretos. Casi como si la filosofía de la sensibilidad fungiera como un proceso purificatorio para los hombres y mujeres dispuestos a actuar por su propio bien pero también por el de la colectividad.
Para concluir, vamos a reiterar que un Humanismo práctico es necesario en una sociedad que ha reducido al hombre y sus adversidades a una acción abstracta. Claro que viéndolo de este modo, los problemas del momento no constituyen el interés central de ciertos sistemas sociales debido a que no existen, y si existen, pues se les observa desde el punto de vista intelectual y no práctico. Los humanistas de la actualidad promueven con todos los medios a su alcance una filosofía de la sensibilidad que se sale del intelecto para internarse en la vida práctica, por el bien y el progreso de nuestra decadente sociedad.
Con todo lo que hemos dicho a lo largo de este capítulo no estamos destruyendo las prácticas de altruismo que es común en las personas que ejercen cierto liderazgo en las comunidades, o de aquellos que lo hacen por un sincero compromiso con sus semejantes. Lo que estamos indicando es que si el conocimiento filosófico del Humanismo nos conduce a otro nivel de sensibilidad, este no tiene porqué ser tenido como un asunto sin sentido, sino que eso ayudaría a más personas a ejercer confianza en nuestros postulados.
En este aspecto, ye hemos aclarado la consecuencia de quitarle al Humanismo Experimental su carácter filosófico; quedaría reducido a una simple práctica de altruismo. Sin embargo, si al Humanismo lo mutilamos, desconectándolo del altruismo, entonces estaríamos convirtiéndolo en un intelectualismo extremo. En este caso, hay que saber hallar el justo medio. Por lo tanto la sensibilidad del humanista debe fundamentarse en el corazón pero también en el intelecto. Así pues, el Humanismo no es una sensibilidad insípida sino una sensibilidad que tiene su origen en la capacidad racional del hombre.

JIMÉNEZ, Gustavo. "Introducción al Humanismo Experimental". Pp. 32-37, Editorial Hominis. México, D. F.

martes, 9 de diciembre de 2014

Entendiendo la diversidad cultural



Entendiendo la diversidad cultural

            Uno de los problemas centrales al especular sobre el hombre es olvidar que se desarrolla dentro de una sociedad y una cultura específica, por lo que no podemos descontextualizarlo de su realidad, ya que cualquier razonamiento que resultara sobre él estaría incompleto y carente de trascendencia. Es como si comenzara a partir de un punto intermedio, y eso no es válido.

Artífice de la Cultura

            No obstante, hacemos notar que lo que define al hombre, en cierto sentido, es la cultura que adopta; cuando es niño, los padres se la inculcan pero cuando ha llegado al pleno uso de razón él decide si continúa con ella o privilegia alguna que se adapte a sus intereses con un previo perfeccionamiento. De este modo, puede decirse que la actual Cultura del Individualismo y de la Depredación han crecido en proporciones gigantescas porque conforme la sociedad crece el mismo individuo las va perfeccionando o moldeando según sus propios intereses, y las adopta sin pensar en las posibles consecuencias.
            Es decir, así como el hombre es el artífice del progreso, así también se convierte en un hacedor de los distintos modos de ser, pensar y de situarse dentro de la sociedad. En otras palabras, el hombre es también el artífice de la Cultura en sus distintas variantes. Obviamente, no hay que pensar que toda creación cultural del hombre es mala. Y por lo tanto, no es nuestra intención satanizarla, ya que en un último análisis, esto vuelve a reforzar lo que hemos dicho en el capítulo precedente; que el hombre de todos modos sigue siendo el fiel artífice del progreso. ¿Por qué? Veamos.
            Si no todas las culturas son negativas, entonces se sigue por esto que algunas ayudan al hombre en su ardua tarea de generar el progreso en todo momento y en toda circunstancia. Muchas veces el progreso de ciertos lugares depende no tanto del apoyo que se obtenga por parte de quienes ejercen el poder sino que es el producto de la mentalidad que impera en su interior. Así que el tipo de Cultura que se adopte puede fungir en forma casi decisiva en el estancamiento o en la evolución de pueblos y ciudades enteros. Como muestra de esto hay que considerar el tipo de estancamiento que prevalece en aquellos lugares donde la Cultura del Individualismo se ha gestado estrepitosamente. Y eso lo sabemos porque es un malestar social latente en nuestros días.

El impacto de la Cultura

            Siendo la Cultura un modo de ver y de situarse frente al mundo, al hombre y a Dios, no cabe duda que es determinante en la consolidación de sociedades; o ampliamente desarrolladas o retrógradas en cierto grado. Podemos ver las consecuencias que las ideologías del siglo veinte trajeron al hombre concreto y a la sociedad para darnos cuenta de cómo la Cultura, impuesta o asumida en forma voluntaria es capaz de transformar el pensamiento individual y colectivo. La Cultura comienza por transformar al hombre, y en etapas posteriores, transforma a toda la sociedad. Y esto es un hecho comprobado.
Sobretodo las culturas ateas del citado siglo al negar en forma contundente la necesidad de Dios se enfrascaron en una lucha inmisericorde en contra del hombre que, finalmente, se entiende también contra la naturaleza humana. ¿La causa? Al excluir a Dios de la vida del hombre pues no queda otro camino. Con justa razón el Cardenal Henry de Lubac, en su libro “El drama del humanismo ateo” concluye que “estamos comprobando experimentalmente que allí donde no hay Dios, no hay tampoco hombre”. Es tal vez el resultado de una Cultura que se quiso colocar por encima de Dios pero, desafortunadamente, el hombre pagó las consecuencias. Pero no todos los hombres… solamente los más débiles, como en el caso específico de la ideología Nazi que despreciaba a los seres humanos que no eran “arios puros”. Para el nazismo lo que vale es la raza, así que sobre ese baluarte se debía configurar la Cultura, y en especial, la sociedad.
Ya hemos declarado que el Humanismo Experimental es una filosofía neutral, sin embargo, al hacer estas declaraciones no estamos quebrantando de ningún modo esa neutralidad; una cosa es no confundir el Humanismo con la Religión y otra cosa es que no podemos hacer caso omiso del tipo de “desarrollo” que ha tenido la sociedad en los siglos pasados. Con esto tampoco estamos juzgando el ateísmo como corriente de pensamiento. Sin embargo, hay que ser sinceros y no pasar por alto las atrocidades que en siglos recientes ha causado tanto al hombre como a la sociedad. Después de todo, con el tiempo una ideología se convierte en parte esencial de la manifestación cultural del hombre. El mismo Humanismo Experimental es una prueba de ello. Ahora pasemos a comentar algo al respecto.

Humanismo: Cultura incluyente

Valorar la diversidad cultural no significa que haya que tener fiel devoción por aquéllas culturas que afectan a la sociedad en general; la Cultura Light, la Cultura del Individualismo y la Cultura Depredadora, por ejemplo, ya que estas van en contra de la dignidad humana y entorpecen directamente el desarrollo y la consolidación de la sociedad (Cfr. Jiménez Gustavo Cap. 1 y 3 del libro Conciencia Humanista). No obstante, hay que cuidar que al momento de enfrentarlas no se utilice la violencia o algún método ilícito como alternativa para poderlas contrarrestar. Nada con la violencia, todo con la razón.
El Humanismo al ser adoptado como parte de una cultura no debe imponerse por la fuerza; debe estar al margen de cualquier tipo de confrontación intelectual, y sobretodo, debe mirar a cada hombre con respeto, tolerancia y con una profunda sensibilidad. Es categórico que una sociedad como la nuestra, con sus malestares y desequilibrios, tiene necesidad, o dicho de otro modo, demanda una Cultura Humanista que incluya a todos los hombres sin distingos de raza, sexo, preferencias ideológicas o cualquier tipo de diferenciación convencionales.
De hecho, lo que marca la diferencia entre el Humanismo Experimental y otros sistemas de pensamiento es que para poderse expandir no necesita del radicalismo, el fanatismo o de establecer rencillas intelectuales sin fundamento; simplemente se enfoca a promover al hombre y a la sociedad para revalorarlos y hacer más favorable la existencia, creando una cultura menos depredadora y más humana en toda la extensión de la palabra.
Sin embargo, hay que subrayar que no es superficial el acto de crear una Cultura Humanista, pues debemos recordar que la Cultura, sea cual sea su origen y su contenido, determina la conducta del hombre y el desarrollo gradual de una sociedad. Así que nosotros pretendemos hacer del Humanismo Experimental una doctrina concreta, transformadora y efectiva en cualquier estrato social que sea adoptado como una filosofía de la acción colectiva, pues no es un mérito reducir el Humanismo a simples conjeturas intelectuales. Hay que tener la capacidad de llevar a la práctica lo que creemos podría mejorar la vida de los hombres. Tampoco es sensato continuar con el intelectualismo en lo que al Humanismo Experimental se refiere. Por el contrario, debe convertirse en una filosofía benéfica y no en una filosofía de la inacción o de la pasividad.
Algo que no hay que olvidar es que la Cultura, de ningún modo debe fungir como un adormecimiento para el hombre. Suele decirse que la Cultura ata o controla las conductas del hombre pero nosotros creemos que si no se convierte en acción liberadora, no serviría de nada y por lo tanto, se quedaría en el mismo nivel de aquéllas ideologías que han pisoteado “lo humano” a lo largo de la historia. Pero todo depende de dos cosas esenciales; el tipo de Cultura que el hombre decida crear y de lo que el hombre haga o proyecte con ella. He aquí uno de los retos más sorprendentes del hombre del siglo veintiuno.

Humanismo: Cultura de lo humano

Ahora bien, antes de concluir con este capítulo es necesario insistir en que un humanista debe estar preparado para crear, vivir, difundir y defender la Cultura Humanista hasta verla convertida en una forma de vida de las sociedades actuales. Y crear esa Cultura no solo requiere de la ciega voluntad sino que debe estar precedida de una seria disposición para poner las capacidades y los talentos personales al servicio de la sociedad, teniendo en cuenta que por Cultura Humanista entendemos un modo de pensar pero también un modo de ser y de existir. Sobre este aspecto, sostenemos que el Humanismo Experimental, si bien es cierto que debe convertirse en una forma de pensamiento, también debe constituir una forma de vida.
Además, cualquiera que pretenda ser un difusor del Humanismo Experimental debería estar en condiciones de contribuir con su grano de arena a la formación de sociedades más humanas y cimentadas en la cooperatividad, en la solidaridad y en el respeto hacia todo el género humano. Sin duda, esto representaría el inicio de una nueva sociedad configurada por la Cultura Humanista en un siglo que parece estar deshumanizado, pero no muerto.
En conclusión, puede afirmarse que si todos los hombres y mujeres decididos a ser parte del Proyecto Humanista nos empeñáramos en crear un mundo distinto, el encuentro tan esperado con el Bien Común sería un hecho tangible y no estaría destinado a ser parte de un fracaso social. A nuestro juicio, estaría más allá de ser considerada una utopía más dentro de la sociedad que nos tocó vivir, y su realización estaría muy cerca del hombre.
Es importante, pues, respetar la diversidad cultural pero también es fundamental revisar sobre qué baluarte está cimentada la Cultura que prevalece en la sociedad actual del hombre concreto. Y eso nos dará una pista para comenzar a construir cuanto antes una auténtica Cultura de lo Humano.
            A este respecto, hay que reconocer que nuestra sociedad ha pasado de una Cultura Colectiva a una Cultura Individualista, y cada día que pasa, se introduce en una continua depredación, obstruyendo, no solo el progreso colectivo, sino, paradójicamente también el del hombre como ser individual. Así que en estas circunstancias, lo humano se ha relegado a simples conjeturas filosóficas, y hay que reconocer que otras veces se llega al extremo de abandonarlo en el olvido. No obstante, el Humanismo Experimental pretende ser una alternativa ante esta desastrosa situación, poniendo el énfasis en la revaloración del hombre, pero sobre todo, apostando por crear una Cultura de lo Humano; es decir, crear según sus posibilidades una Cultura que tenga en cuenta al hombre como ser integral.
            Es decir, que el hombre sea la aspiración más profunda del Humanismo, pero no el hombre según un concepto genérico como ocurrió en el pasado, sino el hombre que piensa, que existe, que siente, que actúa y que tiene por objetivo de vida entenderse para poder crear una manifestación cultural de sí mismo. Que la Cultura de lo humano que nosotros proponemos no se entienda sin poner nuestro verdadero interés en el Hombre Concreto.


JIMÉNEZ, Gustavo. "Introducción al Humanismo Experimental", México, D. F., Editorial Hominis, 2014. Pág 20-25

martes, 2 de diciembre de 2014

GUSTAVO JIMÉNEZ

Quién es Gustavo Jiménez

Es el fundador del Movimiento de Acción Social Humanista S. C. Además, es originario del Estado de Tabasco, donde nació el 10 de abril de 1980. Su gran deseo por conocer a Dios lo llevó a abandonar la casa de sus padres en septiembre del ´98 e ingresar a la comunidad misionera de los Apóstoles de la Palabra, misma que abandonó en septiembre del 2004. En febrero de 2001 llegó a la ciudad de México y fue ahí donde concluyó sus estudios de Ciencias de la Comunicación en el Instituto de Comunicación y Filosofía (COMFIL) de la Sociedad de San Pablo.
Aunque desde el año 2002 comenzó a estudiar con mayor profundidad el Humanismo como corriente filosófica y literaria, no fue sino hasta el año 2007 que llegó a la conclusión de que los Humanismos del pasado sólo habían dedicado tiempo y esfuerzo a la elaboración de teorías y filosofías en torno al hombre abstracto, mientras que dejaban en el olvido al hombre de carne y hueso, es decir al hombre concreto. Además, concibió el concepto del hombre desde un optimismo filosófico, reconociendo, en forma contundente que “El Hombre es el progreso del hombre”.
Basado en ese razonamiento, en el año 2008 decidió establecer el Humanismo Experimental como una nueva filosofía, idea que ya venía desarrollando desde algunos años atrás. Así que el 10 de abril de ese mismo año optó por fundar el Movimiento de Acción Social Humanista S. C., con miras a difundir la nueva filosofía y a hacer del Humanismo Experimental una postura intelectual pero también una forma de vida.
Actualmente se dedica a escribir los libros que exponen en profundidad los principales postulados del Humanismo Experimental, dentro de los cuales se encuentran: “Introducción al Humanismo Experimental”, de reciente publicación, “Conciencia Humanista”, “El Humanismo Experimental en Preguntas y Respuestas”, “El Humanismo Experimental”, “Simplemente Humanos”. Etc.
Así también, dentro de esta actividad se encuentra su quehacer poético, plasmado en seis poemarios donde exalta el amor humano, la sensibilidad en una sociedad carente de ella, la grandeza y atributos del hombre, el más allá, la belleza de la vida y los malestares del momento: “Desde el Silencio”, “El Canto del Alma”, “El elogio de lo desconocido”, “¡He aquí al Hombre!”, “El Distante Cercano” y “Humano corazón de hierro”.
Además, otra de sus principales preocupaciones consiste en la difusión del Humanismo Experimental y del Movimiento a través de conferencias en distintos Estados de la República Mexicana, en centros Universitarios, Programas de Radio y TV, etc., tal como ha sucedido en días recientes que se ha presentado en programas de TV por cable en el Estado de México y Guerrero. En el ámbito radiofónico ha estado en XHVT 970 am de Villahermosa, Tabasco y en el Sector Universitario ha impartido conferencias en la UATur de Acapulco, Gro.
Bajo la colaboración de Samuel Rodríguez Fabre, uno de los principales Precursores del Movimiento Humanista SC, ha sido posible la injerencia del Humanismo Experimental en otros sectores y Estados de la República, ya que entre los dos trabajan intensamente en consolidar, estructurar y desarrollar un plan de categoría nacional para hacer presente el Movimiento Humanista SC, y por ende, el Humanismo Experimental en todos los lugares que muestren interés en conocerlo y aplicarlo en su vida diaria, así como en el interior de la sociedad.
Nuestra sociedad necesita de líderes comprometidos con los problemas del momento y cuya aspiración esencial sea crear una Conciencia Humanista en una sociedad que ha profesado férrea devoción por una Cultura Individualista, hedonista y egocéntrica. En este contexto surge la necesidad de contar con Precursores del Humanismo Experimental con el fin de ir hasta los lugares más alejados del país. Ponemos a su disposición la presencia directa de Gustavo Jiménez y de Samuel Rodríguez Fabre para llevar a cabo las principales actividades del Movimiento. Para la contratación de conferencias, congresos, talleres y recitales poéticos pueden comunicarse directamente a los teléfonos:

Distrito Federal

Tel. de oficina (0155) 5845 94 18
Cel. (044) 6861957779

Acapulco, Gro.

Cel. (045) 7441594571
Cel. (045) 9131026790



A T E N T A M E N T E



“El hombre es el progreso del hombre”